11 nov 2019

Roberto Escudero

Fuente AMUC
Roberto Escudero aterrizó en Barcelona desde Mayorga, su pequeño pueblo natal cerca de Valladolid, con una más que amplia experiencia musical. Su pasión por la guitarra lo llevó a graduarse en magisterio musical y, más tarde, formó parte de una banda "relativamente exitosa" como saxofonista. Sus ganas de expandir sus fronteras lo llevaron a la capital catalana, después a Australia, Nueva Zelanda... Tras viajar alrededor del mundo decidió volver a Barcelona para trabajar como profesor, aunque lo terminaría dejando para centrarse en su faceta más artística tocando en la calle, en el metro, en bares y en eventos, además de tocar con su banda llamada Los Carajillos.




  • ¿Siempre supiste que querías ser músico?
Desde pequeño me grababa cantando y siempre hemos amado la música en casa. En mi pueblo no tenía opción de entrar en un conservatorio, además que prefiero el rock i el funk al mundo académico, así que cuando cumplí los 18 me fui a Valladolid a estudiar Historia y Magisterio de la Música. 

  • ¿Cómo compaginas tu trabajo como músico del metro con el tocar con tu banda?
Depende de lo que salga antes. A parte de los ensayos en grupo y en solitario, lo que más cuesta gestionar son las actuaciones. En mi caso, me guío por las que salgan antes y ya me reservo es fecha, sea en solitario o con la banda.

  • ¿Con que estilo musical te sientes más cómodo?
Con el saxo no compongo demasiado, pero con la guitarra sí. En estos casos me gusta mucho la rumba, el reggae y el swing. Ahora estoy consumiendo mucha música popular, aunque tengo un gusto muy amplio. El jazz que escucho es por cultivar mi saxo, pero también voy a realizar un curso de música electrónica este año. Menos pop lo toco un poco todo.

  • ¿En qué artistas te fijas más a la hora de versionar temas?
Cuando toco en el metro, como el objetivo es ganar el máximo dinero, toco lo que creo que puede funcionar mejor. Nunca tocaría algo con lo que no me sintiera a gusto, aunque con el saxo no hay nada que me desagrade.

  • ¿Según el país en el que toques, varía mucho el recibimiento de la gente?
Totalmente. Influyen muchos factores, pero ahora mismo no te sabría decir dónde me he sentido más cómodo. Por ejemplo, cuando empezamos con la rumba y el reggae por Europa, gustaba muchísimo en Francia y en Alemania. Berlín nos encanto, pero Avignon también fue espectacular. 
Quizás tardábamos 20 días en llegar a una ciudad determinada, pero íbamos haciendo la gira improvisada por el camino.

  • ¿Qué te llevó a entrar en AMUC
Empecé tocando en la calle con mi grupo para hacer sostenible nuestra actividad cuando no teníamos conciertos. Realmente nos encantaba. Si bien, quise entrar en AMUC porque el compañerismo entre músicos es magnífico y eso también me enganchó mucho. Las asambleas funcionan muy bien y hay mucha empatía, eso nos facilita mucho el trabajo.

  • Ha influenciado esta entrada en AMUC a tu estilo musical?
Clarisimamente. Sobretodo me ayuda mucho a estar al corriente de la actualidad del panorama musical y a comprender que es lo que está funcionando más en cada momento. Por mi solo no podría, pues nunca me he interesado demasiado en seguir la corriente de la sociedad.

  • ¿Encuentras diferencias entre tocar en la calle o en el metro?
La mayor es que en el metro no hay tiempo para pararse a escuchar a un artista, todo el mundo va más rápido y tampoco hay espacio para ello. En cambio, en la calle se puede hacer un coro a tu alrededor. Sobretodo me hace muy feliz la reacción de los más pequeños. Si que es verdad que a veces la gente se para y nos da las gracias o nos graban, pero no tanto como en la calle.
Suelo ir a sitios donde hay mucho movimiento pero también valoro mucho que corra el aire y que esté bien ventilado.

La música en directo es emoción y hace mucho más llevadero el camino a casa o al trabajo. Mucha gente se para y nos dice que e alegramos el día. Además, la música es cultura y el estar tocando en el metro la acerca a muchas personas. Ante la falta de festivales pequeños o salas para grupos menos fuertes, el metro se convierte en nuestro escenario.

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